Los últimos del proscenio

Ana A. Millás Mascarós

 

 


 

   
Ana A. Millás


 

¡Por todas las musas del monte Helicón! A menudo nos quejamos de que en nuestra ciudad se programan pocos espectáculos teatrales, sobre todo concebidos por autores autóctonos ¡Gran verdad!. Cuando el mes de septiembre ya sobrepasa su ecuador, por fin aparecen en medios informativos parte del avance de la progarmación de aquello que veremos - o, por regla general, soportaremos- durante el últmo trimestre del año.

Otra nueva decepción - aunque realmente no puedo explicarme a qué se debe la sorpresa- viene a sumarse a las sufridas anteriormente. A estas alturas, a los que nos place el noble y díficil arte de la dramaturgia, teníamos que estar curados de espanto. No es sensato - sobre todo mientras no cambie la actitud de los todopoderosos programadores teatrales que, por desgracia, se suceden uno tras otro con una máxima común: "obviar las obras autóctonas y, por consiguiente, a quienes las crean" - repito, no es sensato esperar, de hoy para mañana, milagros vanos.

Más, como según he oído decir, la esperanza es lo último que ha de perderse, año tras año - y llevamos así más de una década-, temporada tras temporada, director tras director, los confiados autores seguimos esperando una pequeña muestra de su "benevolencia", un pequeño haz de esa esperanza -que no perdemos-, pero que estamos casi seguros de que con el paso del implacable Cronos, se ha tornado más invisible e intangible de lo que nunca fue.

Que Teatres siga sin contar con la autoría teatral valenciana, nos duele -mas no nos pilla desprevenidos- y nos parece incongruente.

¿Es lógica la gestión de una administración autónoma que cierra las puertas a su propia producción en lugar de fomentarla? Yo más bien diría que es contradictorio.

Que no se acuerden de nosostros y no nos citen a las reuniones y conversaciones que se han celebrado y a las que, por otra parte, han acudido representantes del resto de colectivos afines a las Artes Escénicas, para sentar loque se ha dado en llamar "las futuras bases del teatro Nacinal Valenciano"... ¿Es acaso admisible?

Parece ser que no precisan de nuestra opinión ni del ingenio de nuestras plumas...

En uno de los anteriores Boletines, de la Taula Valenciana d'Autors Teatrals, en uno de los breves se lanzaba al aire esta pregunta, dirigida a las Asociaciones de Teatro, Actores y Danza: ¿Qué interpretarían, bailarían o producirían si no existieran las obras?

Como la respuesta es evidente y categórica aprovecharé el espacio que me brindan estos, hasta ahora vírgenes renglones, para plantearle al respetable otra cuestión: ¿Somos los autores hombres y mujeres sin sombra, personajes invisibles que vagan por este mundo ajenos a la percepción del resto de los humanos, sobre todo de aquellos que ostentan el poder de hacer y deshacer dentro del panorama cultural?

A pesar de lo que sería razonable, todo parece señalar que ése debe de ser el objetivo, "absurdo e inexplicable", de ciertos entes oficiales autónomos: conseguir que llegemos a creer que no existimos y que nuestras creaciones deben continuar ocupando el lugar al que se han ido viendo relegadas, "el fondo de un cajón". Un pequeño o gran receptáculo, más o menos hondo pero, al fin y alcabo, un triste ataúd donde reposar "per secula seculorum".

Hasta hace poco, yo siempre había creído que el hecho de tener una mente creadora era un "privilegio". Si bien en el pasado abundan los casos de infelices autores, hoy considerados grandes dramaturgods, que tuvieron que pasar onerosas decepciones y frustraciones antes de que su persona y su talento furan reconocidos, muchas de las veces ya después de su muerte, hoy en la actualidad no nos queda ni ese triste, pero esperanzador consuelo. Mientras dure nuestra efímera estancia en esta vida todavía podemos denunciar, protestar y elevar las quejas ante una situación que a todas luces es injusta e inmerecida - y así lo hacemos y seguiremos haciéndolo- ¿Pero qué será de nuestras producciones, escritas y mimadas por cada uno de nosotros, cuando ya no estemos aquí para defenderlas con la fiereza de nuestra incansable "pluma"? La respuesta está servida apenas una docena de renglones más arriba, precisamente en esos que más me ha costado escribir, porque son los que realmente reflejan la angustia de la realidad que nos aqueja y asfixia a los autores, que jamás llegaremos a ser clásicos puesto que ni tan siquiera conseguimos ser contemporáneos.

Para colmo de calamidades, si además de ser autor dramático eres valenciano -acabáramos, nuestra cruzada es todavía más penosa-, la posibilidad de tener la oportunidad de estrenar, y de esa forma dar a conocer nuestro trabajo al gran público, se complica hasta el infinito. Ni tan siquiera en el mundo de las fallas podemos satisfacer plenamente, ni tan sólo de una forma que nos pudiera resultar consoladora, nuestro afán crativo. El mundo fallero, tan necesitado de nosotros para el buen hacer de su gran fiesta (llibrets de fallas, aproposits, versos y rimas de los monumentos falleros...) también veta a muchos de los escritores valencianos, e incluso los relega. Nos juzgan sin ni siquiera conocernos, prefieren una y mil veces repetir hasta la saciedad la representación de una misma obra, o incluso optar por un autor extranjero, que "arriesgarse" a dar a conocer sobre el escenario algo que antes no hayan estrenado otros. ¿Dónde está el espíritu críticoy emprendedor de los valencianos?. Así ocurre, que edición tras edición del concurso de Teatro organizado por J.C.F. (Junta Central Fallera) aparecen títulos que, por reiterativos, llegan a resultar aburridos, y es que se han dado casos en los que una misma obra se ha representado el mismo día, en el mismo escenario y con la diferencia de poco más de una hora.

Con tan triste panorama, me temo que estemos quemando los últimos cartuchos, y que la parte más visible del escenario, la que más cerca queda del público, "el proscenio", se convierta para nosotros, inquietos -¿"innecesarios"?- autores condenados a permanecer a la sombra de nuestro tiempo y a ser sólo meros espectadores del Gran Teatro de nuestra sociedad, en el postrer baluarte de nuestras ilusiones. Alcanzaremos así el triste privilegio de ser "Los últimos del proscenio".

Valencia. septiembre de 2001

Publicado en el Bolletí nº 22
(Taula Valenciana d'Autors Teatrals)